04 enero 2017

MI NOMBRE ES REFUGIADO. Por Irene L. Savio y Leticia Álvarez Reguera


SINOPSIS 

Casi por azar, la abuela Emilia se convirtió en una socorrista en una isla griega. Samia Sleman Kamal tenía un padre que la amaba antes que el Estado Islámico la secuestrara y convirtiera, a los 13 años, en una esclava sexual. El vendedor de automóviles Vladiša Čuljak nunca pensó que la castigada Vukovar, escenario de una guerra fratricida en los 90, asistiera nuevamente al paso de miles de desamparados en Croacia. Nevena Radovic estudiaba Traumatología y Cuidados Intensivos en Belgrado antes de preocuparse por la sarna y andar en los infiernos del dolor migrante a bordo de una furgoneta de de seis metros de largo. Nour leyó la Biblia pero, después de que Europa hiciera estallar en mil pedazos su sueño de llegar a Alemania, quiso volver a Siria y morir allí. Sirios, iraquíes, kurdos… miles escaparon del terror y de la guerra, dejándolo todo atrás para empezar de nuevo. Pero Europa no era el paraíso.  Es la historia de esta epopeya migratoria, contada a través de sus protagonistas. Lee un fragmento del libro.

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23 febrero 2015

Fantasmas balcánicos en Zagreb

Aquel hombre de mediana edad, con voz tosca y ojos grises, piel excavada e imperfecta, lavaba las vasijas con un frenesí incansable. Como si aquellos bultos lo pudiesen hundir todo en la oscuridad y su sonrisa, siempre cálida y pegajosa, dejase poco margen al mal. Y, sin embargo, él tenía un pasado, un pasado situado a una distancia peligrosamente cercana a la Historia y que encarnaba la guerra en todas sus complejas secuelas.
La primera vez que vi a Tomislav G. fue el 21 de junio de 2013. Yo estaba en Zagreb pues había logrado convencer a mis editores de cubrir la entrada de Croacia en la Unión Europea, en momentos en los que este club no era precisamente el más en boga. No había sido tarea fácil. Sin titulares de tragedia griega en vista, bombas y muertos en espera, sólo la entrevista con el presidente Ivo Josipovic había finalmente decidido a mis jefes y salvado mi travesía.
Ni bien llegada, pasé por la catedral de Asunción de la Virgen, de San Esteban y de San Ladislao, el tempo cristiano más importante de la ciudad, donde se estaba celebrando una misa de media tarde. En el alto edificio, de un estilo neogótico amalgamado con rasgos de arte románico, los parroquianos, todos croatas y muchos jóvenes, rezaban en voz baja, sin hacerle mucho caso a los turistas que iban ingresando en el templo. Había un silencio casi sepulcral, sólo interrumpido por una cuarentona algo entrada en canas, que chillaba impidiendo el acceso a toda mujer en minifaldas, shorts o escotes. Recordé en ese momento que ya años antes me había tropezado con hordas de evangelizadores católicos aquí y allá, testimonio de ese carácter profundamente religioso de los croatas. Y que los zagrebíes amaban repetir ser fruto de la influencia austro-húngara, época en la que la primera diócesis en Zagreb había sido fundada por el rey Ladislao I de Hungría.
Pasaron días antes de que comprendiera que en el café de Tomislav se reunían varios veteranos que habían luchado por la independencia de Croacia contra el ejército yugoslavo.

06 noviembre 2014

Siempre, allí.

Películas miles donde los hombres terminan convirtiéndose en príncipes. Cuentos que desde niñas leemos y nos dormimos con la esperanza y el sueño de esa historia maravillosa en la cual los amantes terminan comiendo perdices. Allí, en el mundo de la fantasía, donde todo es rosa, dulce, empalagoso...allí estás vos. Porque en realidad, eres sólo eso, una fantasía dulce y rosada, que a veces, de a poco, se desarma, se cae, se destiñe, hasta manchar el piso de mi conciencia. Sólo allí estás vos. No sos más que eso, que lo etéreo del pensamiento, lo inconsistente de la ilusión, lo efímero de un beso imaginado. Allí, en algún rincón inventado, me esperas con los brazos abiertos y mi cabeza cae rendida a tus hombros. En ningún otro lugar estás, más que allí. Y no estarás en otro lugar. No. Porque la vida no tiene escritores, ni guionistas, ni hadas madrinas. La vida tiene un titiritero cruel, despiadado, burlón, que es el destino. Afuera, no estás. Pero allí, muy allí, eres mío, completamente mío, y estarás encerrado eternamente, entre algodones rosas, dulces, enamorados, que no destiñen, que no se quiebran ni se disuelven ante las doce campanadas del maldito reloj. Y dormiremos juntos, para siempre, abrazados, empalagados...allí.

09 octubre 2014

Su traición

El hombre estaba solo en la habitación del hotel. Había planificado el crimen la noche anterior. Tenía preparado en su cama todos los elementos que iba a utilizar para poder llevarlo a cabo. No era fácil la tarea que le esperaba. Quizá, hasta pensó en abandonar el plan. Pero esa idea sólo duró un instante. Su dolor era más fuerte que su culpa. Ahora sólo restaba esperar.
En la madrugada, se despertó inquieto y se dirigió al baño para tomar un vaso con agua. La ansiedad y los nervios no lo dejaban dormir. Se quedó despierto mirando el amanecer. La hora trágica se acercaba lentamente. Había terminado ya el momento de la suposición y amanecía el momento de la acción.
Tomó las cosas necesarias para concretar su plan, luego de haber besado la foto de ella que tanto contemplaba, a pesar de su traición.

Era la hora. Caminó unos metros y allí se encontraba ese cuerpo a matar: quieto, rígido, trágico, esperando que finalmente efectuara el disparo esa maldita imagen del espejo.

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